El sector del transporte se encuentra ante un escenario en el que medir y gestionar las emisiones de gases de efecto invernadero cobra cada vez mayor importancia. La evolución de la normativa española, junto con el aumento de los requisitos ambientales por parte de clientes, licitaciones y cadenas de suministro, hace que conocer la huella de carbono de una empresa deje de ser una cuestión exclusivamente ambiental para convertirse también en una herramienta de gestión empresarial.

La Ley 9/2025, de 3 de diciembre, de Movilidad Sostenible refuerza esta tendencia al introducir disposiciones específicas sobre el cálculo y la comunicación de la huella de carbono asociada a los servicios de transporte y movilidad. Al mismo tiempo, el Real Decreto 214/2025 establece requisitos de cálculo anual de la huella de carbono y de planificación de la reducción de emisiones para determinadas empresas.

¿Qué está cambiando en materia de huella de carbono?

La normativa española avanza hacia una mayor cuantificación y transparencia de las emisiones asociadas al transporte.

Uno de los principales cambios se recoge en el artículo 36 de la Ley 9/2025 de Movilidad Sostenible. La ley establece que las entidades públicas y privadas que presten o comercialicen servicios de transporte o movilidad de personas o mercancías con origen o destino en España deberán calcular las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a dichos servicios, de acuerdo con las condiciones que se establezcan mediante la correspondiente metodología normativa.

La propia ley establece que esta metodología deberá definir aspectos como el alcance mínimo, los plazos, las posibles exenciones y la flexibilidad en función del tipo, tamaño o volumen de negocio de las entidades afectadas. Por tanto, el marco general ya está definido, aunque todavía quedan por concretar algunos de los requisitos prácticos para su aplicación.

Europa reduce el alcance de la información obligatoria mientras España mantiene sus propios requisitos

La evolución no es la misma a ambos niveles. En la Unión Europea, la Directiva (UE) 2026/470 (Omnibus I), en vigor desde marzo de 2026, ha elevado los umbrales de aplicación de la CSRD: solo las empresas con más de 1.000 empleados y 450 millones de euros de facturación neta estarán obligadas a reportar para los ejercicios financieros que comiencen a partir del 1 de enero de 2027. El resultado es una reducción significativa del número de empresas sujetas a reporting obligatorio.

En España, la tendencia avanza en sentido contrario. El Real Decreto 214/2025 mantiene la obligación para determinadas empresas de calcular anualmente su huella de carbono organizacional (Alcances 1 y 2) y publicar un plan de reducción con un objetivo cuantificado para un periodo mínimo de cinco años. Al no verse afectado por la simplificación europea, este marco se está consolidando como una referencia estable en el mercado español.

También existe un impacto comercial directo: el Real Decreto refuerza el uso de la información sobre huella de carbono como criterio en la contratación pública. Para las empresas que concurren a licitaciones públicas, disponer de un cálculo de huella de carbono deja de ser únicamente una cuestión reputacional para convertirse también en un factor de competitividad.

Y aunque muchas empresas queden fuera del ámbito de aplicación de la CSRD, la demanda de información ambiental no desaparece: se traslada a lo largo de la cadena de valor. Las grandes empresas sujetas a requisitos de reporting necesitan información de sus proveedores para calcular sus emisiones de Alcance 3, y el transporte desempeña un papel relevante en este proceso. No obstante, la directiva limita la información que estas empresas pueden exigir a proveedores con menos de 1.000 empleados al estándar voluntario para pymes.

¿Qué empresas de transporte están afectadas?

El nuevo marco tiene un alcance amplio. El artículo 36 se refiere a entidades públicas y privadas que presten o comercialicen servicios de transporte o movilidad de personas o mercancías con origen o destino en territorio español. Esto pone el foco en diferentes tipos de operadores, incluidas empresas que realizan transporte de pasajeros y mercancías mediante distintos modos de transporte.

Sin embargo, es importante distinguir entre la huella de carbono de una organización y la huella de carbono asociada a un servicio de transporte.

La primera cuantifica las emisiones generadas por las propias actividades de una organización, mientras que la segunda mide las emisiones asociadas a la prestación de un servicio de transporte concreto o a una cadena de transporte completa.

Además, el Real Decreto 214/2025 establece la obligación de calcular anualmente la huella de carbono organizacional y elaborar un plan de reducción para las empresas que ya están sujetas a determinados requisitos de información no financiera.

Por tanto, no todas las empresas de transporte están actualmente sometidas a las mismas obligaciones, y cada caso debe analizarse en función de la actividad de la empresa, su tamaño, su estructura organizativa y los requisitos normativos que le sean aplicables.

¿Cómo se calcula la huella de carbono de una empresa de transporte?

Calcular una huella de carbono no consiste simplemente en multiplicar los litros de combustible consumidos por un factor de emisión.

El primer paso es definir claramente qué se quiere medir: la organización, una actividad concreta, una ruta, un servicio de transporte o una cadena de transporte completa. A partir de ahí, se establecen los límites del cálculo y se identifican las fuentes de emisión relevantes.

En las operaciones de transporte, pueden tenerse en cuenta factores como:

  • Consumo de combustible de la flota.
  • Tipo y características de los vehículos utilizados.
  • Distancias recorridas.
  • Toneladas de mercancías o número de pasajeros transportados.
  • Tipo de transporte y operación realizada, incluidas las operaciones de transporte multimodal, en las que un mismo envío combina varios modos de transporte (carretera, ferrocarril, marítimo o aéreo) y cada etapa presenta un perfil de emisiones diferente.
  • Operaciones asociadas a centros logísticos y de transferencia intermodal, que también forman parte de la cadena de transporte.
  • Datos relativos a otros eslabones de la cadena de transporte cuando el cálculo abarca el servicio completo.

La norma ISO 14083:2023 proporciona una metodología común para cuantificar las emisiones de las cadenas de transporte, tanto de pasajeros como de mercancías. En este contexto, su principal valor es que permite evaluar de forma coherente las cadenas multimodales, haciendo comparables las diferentes etapas operadas mediante modos y vehículos muy distintos.

¿Qué información se necesita para calcular la huella de carbono?

La calidad de los resultados depende directamente de la calidad de los datos disponibles. Por ello, antes de iniciar el cálculo es necesario identificar qué información tiene la empresa y con qué nivel de detalle está disponible.

En la mayoría de los casos será necesario recopilar información como:

  • Datos de actividad: litros de combustible consumidos, kilómetros recorridos, información sobre rutas, trayectos y modos de transporte, toneladas transportadas, etc.
  • Datos operativos: tipo y modelo de vehículo, combustible o fuente de energía utilizada, capacidad de carga, distribución de mercancías o pasajeros, etc.
  • Información corporativa: periodo de cálculo, límites organizativos y operativos, actividades incluidas, fuentes de emisión consideradas, etc.

Más allá del cumplimiento: ¿Qué puede aportar una huella de carbono?

Para una empresa de transporte, calcular su huella de carbono puede aportar mucho más que el cumplimiento de un requisito normativo. Disponer de datos fiables sobre las emisiones permite identificar qué operaciones, rutas, vehículos o fuentes de energía tienen un mayor impacto y, a partir de esta información, priorizar las medidas de reducción.

Eficiencia y ahorro de costes. Lo que reduce las emisiones también suele reducir el consumo. Identificar rutas ineficientes, trayectos en vacío, vehículos con un rendimiento inferior al esperado o cargas mal distribuidas puede ayudar a reducir los costes de combustible. En un sector en el que el gasto en combustible representa una parte importante de los costes, el cálculo de la huella de carbono puede funcionar también como una herramienta para detectar ineficiencias.

Resiliencia. Comprender cómo se distribuyen las emisiones y el consumo energético ayuda a las empresas a anticiparse a la volatilidad de los precios de la energía, las restricciones de tráfico y las alteraciones relacionadas con el clima que puedan afectar a rutas e infraestructuras. La misma información utilizada para elaborar informes puede servir también para la planificación de contingencias y el desarrollo de alternativas.

Acceso a contratos. Los criterios ambientales están adquiriendo cada vez más peso en las evaluaciones de proveedores. Un ejemplo claro es el transporte a temperatura controlada para el sector alimentario: las empresas que operan en este ámbito, a menudo certificadas bajo esquemas como IFS o BRC, están incorporando cada vez más requisitos relacionados con la huella de carbono y la descarbonización en sus criterios de contratación.

La huella de carbono puede convertirse así en una herramienta para la toma de decisiones, y no simplemente en otro indicador que reportar.

¿Cómo puede ayudar LOMARTOV?

En LOMARTOV trabajamos con empresas y organizaciones en la evaluación ambiental de sus actividades y procesos, ayudándolas a transformar los datos ambientales en información útil para la toma de decisiones.

En el sector del transporte, podemos acompañar a las empresas durante todo el proceso de cálculo de la huella de carbono, desde la definición del alcance y la recopilación de datos hasta la aplicación de factores de emisión, el cálculo de resultados y la identificación de oportunidades de reducción.

Nuestro enfoque combina experiencia en huella de carbono, análisis de ciclo de vida y evaluación ambiental con nuestra experiencia en proyectos europeos de investigación e innovación relacionados con la sostenibilidad y la descarbonización.

Además, trabajamos para que el cálculo no termine en un informe, sino que sirva como punto de partida para identificar medidas de reducción, optimizar recursos, reducir costes operativos y reforzar la resiliencia de la empresa frente a riesgos regulatorios, energéticos y climáticos.

¿Está preparada tu empresa de transporte?

El marco normativo continúa evolucionando, pero esperar a que esté completamente desarrollado podría implicar empezar a recopilar datos demasiado tarde, especialmente cuando los requisitos pueden llegar antes por parte de un cliente o una licitación que directamente desde la regulación.

Anticiparse a estas exigencias permite a las empresas conocer qué información tienen disponible, identificar posibles carencias y establecer una metodología sólida antes de que los requisitos sean obligatorios.

Si quieres conocer qué implica este contexto normativo en evolución para tu empresa, o necesitas apoyo para calcular y gestionar tu huella de carbono, contacta con LOMARTOV.

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